기억과 존재감의 공간화를 통한 추도: 물푸레나무 숲이 작별의 의식을 함께한다

Recuerdo y presencia a través de la espacialidad: un bosque de fresnos acompaña el rito de la despedida

Clarin · 🇦🇷 Buenos Aires, AR Clarin.com - Home ES 2026-04-29 18:01 Translated
BIOMA의 화장장 공원 CEyS 제안이 부에노스아이레스 9월 7일의 주(州) 아이디어 및 예비 설계 공모전에서 2등상을 수상했다.
BIOMA 스튜디오는 화장장 공원 CEyS 프로젝트에 대한 자신의 제안의 의미를 "몰입적 경험을 틀지어지는 한계"라는 정의로 요약한다. 이는 문턱의 건축으로부터 작별의 의식을 다루는 프로젝트다.

이는 공간적 연속성을 가진 민감한 화장장으로 구상되었으며, 부에노스아이레스 주의 9월 7일 지역을 위해 소집된 주(州) 아이디어 및 예비 설계 공모전에서 2등상을 획득했다. CAUBA D7, CEyS, FADEA의 대표로 구성된 심사위원회는 BIOMA 스튜디오의 제안을 "프로젝트를 학문적 한계까지 끌어올렸으며, 이렇게 특수한 프로그램의 경우 이는 긍정적으로 평가된다"고 강조했다.

두 개의 벽으로 경계 지어진 광활한 대지에 위치한 건물은 전환의 장치로서 두 세계 사이의 문턱으로 구상된다. 접근은 도로로부터 직접적인 연속성으로 이루어지며, 주차장은 최초의 정지 제스처로서 시스템 외부에 배치된다.

제안은 제동장치를 도입한다: 대지의 시작 부분에 자동차를 두고 눈먼 듯하고 금욕적인 용적을 마주한다. 건물이라기보다는 화장장은 건축이 한계, 침묵 및 내성찰을 통해 의미를 구축하는 진행적 공간 경험으로 제시된다.

두 개의 바(bar) - 폭 4미터, 길이 56미터 - 이 평행하게 배치되며, 112미터 떨어져 있고, 프로젝트의 구조화하는 한계로 작동한다.

이 각각의 요소는 명확히 차별화된 두 가지 해석을 제안한다. 외부를 향해서는 불투명하고, 검은색이며, 즉각적인 환경에 폐쇄된 용적으로 나타난다. 이들은 쇼우 수기 반(Shou Sugi Ban) 기법을 통해 처리된 소나무 목재 판으로 덮여 있다. 이 과정은 표면을 탄화시키고, 자연적으로 보호하며, 깊고 광물질적이고 영구적인 검은색을 부여한다.

오직 일부 패널들만 피벗 패널을 통해 열려, 불투명한 정면의 연속성을 중단하는 특정 안뜰을 통해 건물로의 진입을 허용한다.

대조적으로, 내부 면 - 숲을 마주한 면 - 은 전체적으로 거울 유리로 해결된다. 이 표면들은 중간 공간을 무한대까지 반사하고 증식시키며, 한계를 지각적 구성으로서의 개념을 강화한다: 몰입적 경험을 틀지어지는 한계.

거울 효과는 중앙 공간으로부터만 드러나며, 외부를 향한 전체의 신중함을 보존한다. 건축은 단순하고 합리적인 구조를 기반으로 하며, 규칙적인 모듈과 노출된 콘크리트의 기둥 및 보 시스템으로 구성되어, 실행이 용이하고 저비용이다.

첫 번째 바 - 납골당 - 은 애도의 문턱들을 수용한다: 수용, 대기 및 작별. 도시와 의식 사이의 전환 영역으로 기능한다.

두 번째 바 - 화장장 - 은 반대로 과정의 기술적 차원을 집중시킨다: 로, 서비스 및 물질을 변형하는 인프라. 둘 사이에 건설된 12미터의 거리가 설정되지만, 더 큰 공백이 주인공이 된다.

두 바 사이의 분리는 방문객이 자신의 신체로, 걸어서, 나무들 사이에서 이동하는 궤적이다: 선택되고 의식적인 경로. 그 거리가 진정한 프로젝트를 구성한다. 건축은 극단으로 물러나 중심을 해방시키며, 본질적인 경험이 일어나는 곳이다.

BIOMA의 설립 파트너인 Felipe Carrizo에 따르면, "우리는 신성한 아름다움의 공원이라는 개념을 피하고, 대신 몰입적 설치를 제안하고 싶었다: 공간성을 통해 기억과 존재감을 전달할 수 있는 장소".

또한 심사위원회로부터 어떤 비판도 있었다: "비록 프로그램을 두 개의 잘 정의된 바 건물로 나누는 것이 필요하지만, 이는 일상적 관리를 어렵게 만든다".

프로젝트의 중심은 두 바 사이에 펼쳐지는 숲이다. 그 중간 공간에는 4미터마다 심겨진 붉은 물푸레나무의 규칙적인 그리드가 조직된다.

420개의 나무가 건축을 정렬하는 동일한 구성 논리에 따라 배치되며, 모듈식 시스템을 건물에서 풍경으로 확장한다. "가족들이 고인의 유골을 생태 친화적 항아리에 담을 수 있는 곳으로, 새로운 생명과 그 성장을 영양분으로 삼는다"고 스튜디오에서 설명한다.

이 산책에서 각 나무는 횡단되고 인식될 수 있다. 각각은 그곳에서 안식하는 이들의 이름을 가지고 있으며, 방문객이 기억하고 싶은 사람의 나무에 접근할 수 있도록 한다.

나무의 형상은 영구성의 상징으로 확립된다. 왜냐하면 성장하고, 변형되며, 계절의 통과를 함께하기 때문이다. 여정은 두 번째 바에서 절정을 이루며, 신체가 과정으로 들어가고 유골이 돌아온다.

단일 치수 - 4미터 - 가 건축 구조와 식생 구조를 모두 관장한다. 생태 친화적 항아리는 숲의 생명 주기에 통합되며, 유골이 능동적인 방식으로 생명의 주기로 돌아올 수 있게 한다. BIOMA에 따르면, "나무들 사이를 걷는 것은 더 이상 없는 사람들 사이를 걷는 것이다".

주목할 만하게도, 심사위원회에 따르면, 여정의 몰입적 제안은 다양한 사용자의 특수성을 어렵게 하며, 특히 납골당과 화장장 사이의 활동의 동시성을 어렵게 한다".

두 번째 바 근처에서, 프로젝트의 기하학이 나무의 존재를 나타낼 곳에 공백이 나타난다. 그 지점에 대기 및 명상의 공간이 위치한다: 멈추도록 초대하는 벤치.

유골을 받는 장소로, 여정의 마감 전의 일시 정지의 순간이다. 거기로부터 시선은 두 번째 바의 완전한 연장을 횡단하며, 그 거울 유리 표면은 숲을 향해 배향되어, 증식된 나무의 이미지를 반환한다.

방문객은 그 반사된 풍경에 새겨져 있음을 인식한다. "그리드의 지점의 침묵에서 부재를 포용하고 증명하기 위해 앉아 성찰하도록 초대하는 원형 벤치를 설계한다"고 BIOMA에서 언급한다.

프로젝트는 건축이 물러나고 시간, 기억 및 변형을 위한 공간을 제공하는 공간에서 절정을 이룬다. 부재를 고정시키기보다는, 화장장은 감각적 연속성의 형태를 제안하며, 여기서 손실은 더 큰 주기의 일부가 된다.

저자: BIOMA (Felipe Carrizo 및 Lucía Allende) 협력자: Juan Ignacio Depetri, Tomas Randrup, Sofia Macluf, Facundo Hondagneu Roig, Manuel Beltran, Santiago Lopez Bares 및 Carol Gallo.

건축 섹션 편집자: mstefanazzi@clarin.com
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La propuesta de BIOMA para el Crematorio Parque CEyS obtuvo el 2do premio del concurso Provincial de Ideas y Anteproyectos (en 9 de Julio, Buenos Aires).

“Límites que enmarcan una experiencia inmersiva” es la definición con la que el estudio BIOMA sintetiza el sentido de su propuesta para el Crematorio Parque CEyS, un proyecto que aborda el rito de la despedida desde la arquitectura del umbral.

Se trata de un crematorio concebido como una secuencia espacial contenida y sensible, que obtuvo el segundo premio en el Concurso Provincial de Ideas y Anteproyectos (ver Primer Premio) convocado para la localidad de 9 de Julio, en la provincia de Buenos Aires.

El jurado -que estuvo integrado por representantes del CAUBA D7, la CEyS, la FADEA- destacó la propuesta de estudio BIOMA "por haber llevado al proyecto al límite disciplinario, lo cual, tratándose de un programa tan particular, se valora positivamente".

Implantado sobre un gran terreno delimitado por dos muros, el edificio se concibe como un dispositivo de transición: un umbral entre mundos. El acceso se produce en continuidad directa desde la ruta, mientras que el estacionamiento se dispone por fuera del sistema como primer gesto de detención.

La propuesta introduce un freno: dejar el auto al inicio del predio para enfrentarse a un volumen ciego y austero. Más que un edificio, el crematorio se presenta como una experiencia espacial progresiva, donde la arquitectura construye sentido a través del límite, el silencio y la introspección.

Dos barras -de cuatro metros de ancho por cincuenta y seis metros de largo- se disponen en paralelo, separadas entre sí por ciento doce metros, y funcionan como los límites estructurantes del proyecto.

Cada una de estas piezas propone dos lecturas claramente diferenciadas. Hacia el exterior, se presentan como volúmenes opacos, negros y cerrados al entorno inmediato. Están revestidas con paneles de madera de pino tratada mediante la técnica del Shou Sugi Ban, un proceso que carboniza la superficie, la protege de manera natural y le otorga una negrura profunda, mineral y permanente.

Solo algunos paños se abren mediante paneles pivotantes, permitiendo el ingreso a los edificios a través de patios puntuales que interrumpen la continuidad opaca de la fachada.

En contraste, las caras interiores -las que enfrentan el bosque- se resuelven íntegramente en vidrio espejado. Estas superficies reflejan y multiplican el espacio intermedio hasta el infinito, reforzando la idea de límite como construcción perceptiva: límites que enmarcan una experiencia inmersiva.

El efecto espejo solo se revela desde el espacio central, preservando la discreción del conjunto hacia el exterior. La arquitectura se apoya en una estructura sencilla y racional, compuesta por módulos regulares y un sistema de columnas y vigas de hormigón visto, de fácil ejecución y bajo costo.

La primera barra -el columbario-, alberga los umbrales del duelo: recepción, espera y despedida. Funciona como un ámbito de transición entre la ciudad y el ritual.

La segunda barra -el crematorio-, en cambio, concentra la dimensión técnica del proceso: el horno, los servicios y la infraestructura que transforma la materia. Entre ambas se establece una distancia de doce metros edificados, pero es el vacío mayor el que adquiere protagonismo.

La separación entre las dos barras es el trayecto que el visitante recorre con su propio cuerpo, a pie y entre los árboles: un camino elegido y consciente. Esa distancia constituye el verdadero proyecto. La arquitectura se retira a los extremos para liberar el centro, donde ocurre la experiencia esencial.

Según Felipe Carrizo, socio fundador de BIOMA, “queríamos evitar la idea del parque de la belleza sacra para, en cambio, proponer una instalación inmersiva: un lugar capaz de transmitir recuerdo y presencia a través de la espacialidad".

Además, desde el jurado argumentaron alguna crítica: "si bien es necesaria la división del programa en dos edificios barra bien definidos, esto hace difícil su gestión cotidiana".

El corazón del proyecto es el bosque que se despliega entre las dos barras. En ese espacio intermedio se organiza una grilla regular de fresnos rojos, plantados cada cuatro metros.

Son 420 árboles dispuestos según la misma lógica constructiva que ordena la arquitectura, extendiendo el sistema modular desde los edificios hacia el paisaje. “Es el lugar donde las familias pueden depositar las cenizas de los difuntos, en urnas ecológicas, nutriendo a la nueva vida y a su crecimiento”, explican desde el estudio.

En este paseo, cada árbol puede ser recorrido y reconocido. Cada uno lleva el nombre de quienes allí descansan, permitiendo al visitante acercarse al árbol de quien desea recordar.

La figura arbórea se consolida así como símbolo de permanencia, porque crece, se transforma y acompaña el paso de las estaciones. El recorrido culmina en la segunda barra, donde el cuerpo ingresa al proceso y las cenizas regresan.

Una única medida -cuatro metros- gobierna tanto la estructura edilicia como la vegetal. Las urnas ecológicas se integran al ciclo de vida del bosque, permitiendo que las cenizas retornen al ciclo vital de manera activa. Para BIOMA, “caminar entre los árboles es caminar entre los que ya no están”.

Cabe destacar, -y según el jurado-, la propuesta inmersiva del recorrido, dificulta las particularidades de diversos usuarios, y sobre todo la simultaneidad de actividades entre columbario y crematorio".

Próximo a la segunda barra, donde la geometría del proyecto indicaría la presencia de un árbol, aparece un vacío. En ese punto se sitúa el espacio de espera y contemplación: un banco que invita a detenerse.

Es el lugar donde se reciben las cenizas, un momento de pausa antes del cierre del recorrido. Desde allí, la mirada recorre la extensión completa de la segunda barra, cuya superficie de vidrio espejado, orientada hacia el bosque, devuelve la imagen de los árboles multiplicados.

El visitante se reconoce inscrito en ese paisaje reflejado. “Se diseña un banco circular para sentarse a reflexionar, para abrazar la ausencia y evidenciarla desde el silencio del punto en la grilla”, señalan desde BIOMA.

El proyecto culmina así en un espacio donde la arquitectura se retira y deja lugar al tiempo, a la memoria y a la transformación. Más que fijar la ausencia, el crematorio propone una forma de continuidad sensible, donde la pérdida se vuelve parte de un ciclo mayor.

Autores. BIOMA ( Felipe Carrizo y Lucía Allende) Colaboradores. Juan Ignacio Depetri, Tomas Randrup, Sofia Macluf, Facundo Hondagneu Roig, Manuel Beltran, Santiago Lopez Bares y Carol Gallo.

Redactora de la sección Arquitectura. mstefanazzi@clarin.com